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Autor: Giovana Femat Roldán

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Cómo ayuda la Fisioterapia a pacientes con Parkinson

Cómo ayuda la Fisioterapia a pacientes con Parkinson

La fisioterapia o rehabilitación física es un tratamiento complementario para gran cantidad de patologías. Ayuda a mejorar el estado físico, recuperar la movilidad, funcionalidad e independencia. En el caso de pacientes con enfermedad de Parkinson no es la excepción. Al ser un trastorno del movimiento que altera de forma importante la marcha, postura y los movimientos voluntarios, la fisioterapia ayuda a mejorar estos síntomas y así recuperar el control de sus movimientos.

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En qué consiste este tratamiento

Otra parte muy importante del tratamiento de esta enfermedad es la terapia física, la cual tiene como objetivo mantener la independencia funcional. Esta terapia consiste en reeducar los patrones de movimiento y la postura, trabajar en la elasticidad y fuerza muscular, mejorar el equilibrio, la coordinación y los movimientos finos. Eso resultará en un mejor equilibrio, corrección de la marcha y movimientos más finos y coordinados.

Complementar el tratamiento con la fisioterapia es sumamente importante ya que de lo contrario, puede haber complicaciones a largo plazo que genere nuevas patologías. Por ejemplo, si una persona con enfermedad de Parkinson disminuye su movilidad a tal grado que lo deje en cama o se movilice muy poco, puede ocasionar la formación de llagas o úlceras por presión, caídas que provocan fracturas o neumonías por broncoaspiración.

Al realizar fisioterapia se va recuperando el movimiento y se disminuye el riesgo de estas posibles complicaciones. Al mejorar el trastorno del movimiento la persona se vuelve más independiente, disminuye el riesgo de caídas, mejora su estado de ánimo y mejora su calidad de vida.

¿Existe predisposición genética?

La mayoría de los enfermos de enfermedad de Parkinson no tienen antecedentes familiares. Un 15% de los pacientes tiene un familiar de primer grado afectado. Se han identificado nueve genes asociados a un parkinsonismo autonómico dominante o recesivo. Sin embargo, la vulnerabilidad genética desempeña un papel más importante en la enfermedad de inicio juvenil que en la de inicio tardío.

¿Cómo podemos diagnosticar la enfermedad?

Es eminentemente clínico, y el diagnóstico cierto es siempre post mórtem (despigmentación y degeneración de la SN con CL). No obstante, podemos establecer el diagnóstico de EP en un paciente si cumple los siguientes criterios:

  1. Presencia de dos de los tres signos cardinales (temblor, rigidez, bradicinesia).
  2. Respuesta al tratamiento con Levodopa.
  3. Ausencia de los signos denominados atípicos para el diagnóstico
  4. Los estudios genéticos pueden ser de utilidad en casos de Enfermedad de Parkinson familiar.

5. La tomografía con emisión de positrones y deoxiglucosa (FDG-PET) revela a menudo un patrón anormal.

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Enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo

La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común que existe. Suele comenzar entre los 60 y 65 años, y tiene una importante asociación genética. Se trata de un trastorno caracterizado por la degeneración y muerte de neuronas dopaminérgicas que se encuentran en la sustancia negra a nivel del mesencéfalo. Estas neuronas producen dopamina, un neurotransmisor que se requiere para la adecuada comunicación entre las células. La sustancia negra del mesencéfalo, en conjunto con otras regiones del cerebro, ayuda a la adecuada coordinación y control de los movimientos, por lo que su alteración resulta en trastorno del movimiento.

Los síntomas motores cardinales de la enfermedad de Parkinson son:

  • Bradicinesia. Son movimientos lentos que ocasionan dificultad para realizar ciertas acciones que requieren movimientos precisos y finos como escribir, abrocharse los botones de la camisa o las cintas de los zapatos o afeitarse.
  • Temblor de reposo. Es un temblor que se presenta cuando la persona está en reposo. Suele comenzar en una mano y con el tiempo se hace más evidente y se manifiesta en otras partes del cuerpo como la otra mano o los pies. Éste temblor suele desaparecer o disminuir al realizar un movimiento. Éste temblor está presente en la gran mayoría de los pacientes, varía a lo largo del día y suele aumentar con el cansancio, ansiedad y por efecto de algunos fármacos.
  • Rigidez. Ocurre por un aumento del tono muscular de forma generalizada, lo cual ocasiona resistencia al intentar realizar un movimiento pasivo. Recalcando que esto ocurre por un problema del sistema nervioso, no de los músculos.
  • Inestabilidad postural y marcha festinante. Los pacientes con enfermedad de Parkinson suelen tener una postura y marcha caracterizada por dar pasos cortos, con su eje inclinado hacia adelante y disminución del braceo al caminar, lo cual frecuentemente puede ocasionar caídas, dificultad para realizar un giro y bloqueos al caminar.

Además de los característicos síntomas motores también hay una gran cantidad de síntomas no motores que muchas veces pasan desapercibidos o no son relacionados con la enfermedad de Parkinson. Muchos de ellos se presentan como disautonomías.

Algunos ejemplos son:

  • Disminución de la presión
  • Cambios en el patrón evacuatorio
  • Estreñimiento
  • Dificultad para la deglución
  • Producción excesiva de saliva
  • Cambios en la voz
  • Hormigueos
  • Dolor
  • Sudoración excesiva
  • Disminución del olfato.

También son frecuentes los síntomas neuropsiquiátricos como:

  • Insomnio
  • Depresión
  • Disminución de la líbido
  • Ansiedad
  • Sueños vívidos
  • Alucinaciones visuales.

Con el paso del tiempo cuando la enfermedad ya está en etapas avanzadas suele haber síntomas de demencia caracterizados por alteración de la memoria y cambios conductuales.

Es sumamente importante que ante la sospecha de enfermedad de Parkinson se acuda con un neurólogo, el especialista en enfermedades neurológicas. Esto es porque existen otras enfermedades neurodegenerativas que pueden asemejarse mucho a este trastorno, sin embargo, su evolución, pronóstico y tratamiento son diferentes. Algunos padecimientos con los que puede confundirse son la parálisis supranuclear progresiva, degeneración corticobasal, atrofia de múltiples sistemas y demencia de cuerpos de Lewy.

Una vez hecho el diagnóstico se inicia con el tratamiento para el control de los síntomas motores. Debido a que le problema se origina por una alteración de las neuronas dopaminérgicas que producen dopamina, los medicamentos para la enfermedad de Parkinson se basan en administrar dopamina exógena (levodopa) o aumentar la utilización de la poca dopamina disponible (agonistas dopaminérgicos como pramipexol). En muchos casos además es necesario otros medicamentos para el control de síntomas neuropsiquiátricos  como antidepresivos y antipsicóticos.

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