Demencia: Signos que se confunden con envejecimiento normal
Autor: Giovana Femat Roldán

La demencia es un síndrome que ha de entenderse como un declinar de las funciones superiores, entre ellas la memoria, en relación con el nivel previo de los pacientes. Adicionalmente, completando el cuadro sintomático, se suelen sumar alteraciones psicológicas y del comportamiento, produciendo en el sujeto una discapacidad progresiva.
El síndrome demencial debe cumplir las siguientes características: presentar un nivel de conciencia normal, ser adquirido y persistente en el tiempo, afectar a diferentes funciones y ser de suficiente intensidad como para tener repercusión en el funcionamiento personal, laboral o social.
Existen diversas entidades con las que hay que realizar el diagnóstico diferencial de demencia, como el síndrome confusional, la depresión y el deterioro cognitivo leve. Por ello, es importante diferenciar las primeras manifestaciones: La demencia afecta a cada persona de manera diferente, no obstante, se pueden reconocer tres etapas de progresión.
Etapa inicial:
- El Inicio es lento y poco evidente, a menudo pasa desapercibido.
- La familia y el enfermo suelen buscar justificaciones.
- Tendencia a olvidos de responsabilidades habituales del enfermo
- Pérdida de la noción del tiempo
- Lenguaje simplificado
- Menor acervo de vocabulario
- Disminución de habilidades manuales que lograban con destreza.
Etapa intermedia:
A medida que la demencia evoluciona, los signos y síntomas son más evidentes y limitan las actividades diarias. Los familiares sospechan que hay deterioro, el paciente suele negarlo. Algunos síntomas presentes en esta etapa son:
- Olvido de acontecimientos recientes, así como los nombres de personas conocidas
- Extravíos en lugares para ellos conocidos, incluso en su propio hogar.
- Dificultad para comunicarse o expresar lo que quieren
- Necesidad de ayuda con el aseo y cuidado personal
- Cambios de comportamiento
- Repiten múltiples veces la misma pregunta.
Etapa tardía:
En la etapa tardía, la dependencia y la inactividad son casi totales. Las alteraciones de la memoria son graves. Encontramos los siguientes síntomas:
- Confusión en el tiempo y en el espacio, incluso en ellos mismos.
- Dificultad para reconocer a familiares y amigos.
- Necesidad de mayor ayuda para el cuidado personal.
- Dificultad para caminar.
- Alteraciones del comportamiento que incluso pueden llegar a agresiones físicas o verbales.
¿Cuándo acudir al médico?
Usualmente los pacientes llegan mencionando problemas de memoria, aunque no siempre es así, pueden ser atencionales, funciones ejecutivas, es importante distinguir. Algunas de las quejas más habituales son:
- Olvidos de nombres de personas u objetos
- Olvidos dónde ponen las cosas
- Olvidos de tareas sencillas
- No encontrar palabras para expresarse
- Olvidos de conversaciones, etc.

¿Cómo podemos determinar el diagnóstico de la demencia?
La historia clínica desempeña un papel crucial en el abordaje de demencias al ofrecer una visión retrospectiva detallada. Además, permite identificar patrones sintomáticos. Asimismo, facilita la detección temprana y evaluación de la progresión, por consiguiente, es fundamental para planificar intervenciones adecuadas.
La recopilación meticulosa de datos históricos posibilitará discernir entre diferentes tipos de demencia. Por otro lado, sirve como punto de referencia para el monitoreo longitudinal del paciente, integrando datos biomédicos, neuropsicológicos y sociales en la historia clínica, mejorando la comprensión holística del cuadro.
En el abordaje de las demencias, la aplicación de pruebas complementarias reviste una importancia fundamental. Por ende, su utilización adecuada ofrece una perspectiva más integral del diagnóstico. Además, permite discernir entre diferentes etiologías. Algunas de las pruebas complementarias más utilizadas son:
- Analítica sanguínea:
Lo más básico son los hemogramas, que nos aportan información general, la función tiroidea, vitamina b12 y el ácido fólico.
- Análisis de LCR (es un análisis más profundo)
Sería un análisis más a fondo que el mencionado anteriormente, y nos otorga información acerca de infecciones del SNC, enfermedades autoinmunes SNC, enfermedades hemato-oncológicas, biomarcadores de EA y estudio de proteínas.
- Estudio neuropsicológico:
Se evalúan funciones cognitivas, actividades de la vida diaria y funciones afectivas y conductuales. Este estudio contribuye al diagnóstico sindrómico y etiológico del deterioro determinando la existencia o no de deterioro cognitivo, diferenciando capacidades neuropsicológicas afectadas y preservadas, y ofreciendo información acerca de la localización neuroanatómica.
- Neuroimagen:
Los estudios de neuroimagen pueden ser de tipo estructural o funcional. En el caso de los primeros, son los encargados de detectar patologías potencialmente tratables como son los hematomas subdurales, la hidrocefalia a presión normal, los tumores cerebrales, etc, identificar patologías vasculares, caracterizar patrones de atrofia en demencias degenerativas primarias: cualitativamente o cuantificado (estudio volumétrico). Algunos ejemplos son la resonancia magnética (RM) y la tomografía axial computarizada (TAC).
Realizar un diagnóstico preciso es de suma importancia en el caso de las demencias. Para ello, es fundamental comprender los criterios diagnósticos establecidos. Actualmente, tanto el DSM-V como la clasificación de la Asociación del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento y el Alzhéimer (National Institute on Aging and Alzheimer’s Association, NIA-AA, en inglés) proporcionan un marco detallado.
¿Cuál es el papel del neuropsicólogo en el diagnóstico de las demencias?
El papel del neuropsicólogo en el diagnóstico de las demencias es fundamental y profundamente humano: acompaña, explora y da sentido a lo que a veces parece inexplicable para quien empieza a vivir cambios en su mente. A lo largo de este proceso, su labor va mucho más allá de administrar pruebas; su intervención es un puente entre la experiencia subjetiva del paciente y la comprensión científica del funcionamiento cerebral.
Evaluación neuropsicológica detallada
El primer gran aporte del neuropsicólogo es la realización de una evaluación neuropsicológica exhaustiva. A través de entrevistas clínicas y de baterías de pruebas estandarizadas, explora las funciones cognitivas principales: memoria, lenguaje, atención, funciones ejecutivas, habilidades visuoespaciales y velocidad de procesamiento, entre otras. Cada prueba está diseñada para identificar patrones específicos de deterioro que pueden sugerir la presencia de una demencia y ayudar a distinguir entre los distintos tipos (como enfermedad de Alzheimer, demencia frontotemporal, demencia vascular, demencia con cuerpos de Lewy, entre otras).
Este estudio no solo revela qué áreas están afectadas, sino también el grado de alteración, lo que permite establecer si los cambios son consistentes con un proceso neurodegenerativo o si podrían deberse a otros factores como depresión, ansiedad o efectos secundarios de medicamentos. El neuropsicólogo, por tanto, no diagnostica la demencia de manera aislada, sino que contribuye con información esencial para que el equipo médico llegue a un diagnóstico más certero.
Detección precoz de cambios sutiles
Otro aspecto muy valioso de su participación es su capacidad para detectar cambios sutiles que otras evaluaciones pueden pasar por alto. Muchas veces, en etapas muy tempranas, las alteraciones cognitivas son tan leves que no resultan evidentes ni para el propio paciente ni para sus familiares. El neuropsicólogo, mediante pruebas sensibles y su aguda observación clínica, puede identificar señales de alerta y, con ello, favorecer una intervención temprana, cuando las oportunidades para ralentizar el curso de la enfermedad son mayores.
Perfil cognitivo individualizado
Cada persona es única, y el neuropsicólogo lo sabe bien. Por eso, su análisis no se limita a decir si existe o no deterioro, sino que elabora un perfil cognitivo individualizado. Este perfil ayuda a comprender cuáles son las fortalezas que se mantienen intactas y qué áreas requieren apoyo, permitiendo diseñar programas de intervención personalizados, orientados a preservar la calidad de vida y la autonomía el mayor tiempo posible.
Comunicación empática y acompañamiento
El diagnóstico de una demencia puede ser devastador. Aquí, el neuropsicólogo también desempeña un rol insustituible: el de acompañar emocionalmente a la persona y a su familia. Con sensibilidad y empatía, traduce los resultados de la evaluación a un lenguaje comprensible, ayuda a integrar el significado de los cambios observados, y ofrece un espacio donde las emociones pueden ser expresadas sin juicio. En este sentido, su intervención no solo es técnica, sino profundamente humana.
Colaboración interdisciplinaria
Finalmente, el neuropsicólogo trabaja mano a mano con neurólogos, psiquiatras, geriatras, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y trabajadores sociales. La demencia es una condición compleja que afecta múltiples dimensiones de la vida, y su atención exige un enfoque integral. El informe neuropsicológico es una pieza clave dentro de esta colaboración, proporcionando datos objetivos que enriquecen el diagnóstico clínico y la planeación de estrategias de tratamiento.
En resumen, el neuropsicólogo es quien ayuda a iluminar el territorio invisible de la mente cuando comienza a oscurecerse. Su papel no se limita a medir capacidades, sino que ofrece comprensión, orientación y esperanza en un momento de profunda vulnerabilidad. A través de su trabajo, ayuda a transformar el miedo en conocimiento, y la incertidumbre en un camino hacia una atención digna y compasiva.
