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Escala de Braden para pacientes con daño neurológico

Autor: Giovana Femat Roldán

Escala de Braden para pacientes con daño neurológico

La escala de Braden es una herramienta clínica validada que permite evaluar el riesgo de desarrollar úlceras por presión (también llamadas escaras o lesiones por decúbito). Fue desarrollada por la enfermera Barbara Braden y se ha convertido en un instrumento de uso habitual en hospitales, unidades de cuidados intensivos y servicios de neurorehabilitación. 

Esta escala se basa en la evaluación de seis factores clave que influyen en la integridad de la piel y el tejido subyacente:

1. Percepción sensorial

2. Exposición a la humedad

3. Actividad física

4. Movilidad

5. Nutrición

6. Fricción y cizallamiento

Cada uno de estos aspectos recibe una puntuación que va de 1 (mayor riesgo) a 4 (menor riesgo), salvo el último, que se puntúa de 1 a 3. La puntuación total varía entre 6 y 23 puntos. Mientras más bajo es el puntaje, mayor es el riesgo de que el paciente desarrolle una úlcera por presión. 

¿Por qué es importante en pacientes con daño neurológico?

Los pacientes neurológicos, ya sea por lesiones cerebrales, accidentes cerebrovasculares, enfermedades neurodegenerativas o traumatismos medulares, tienen un alto riesgo de complicaciones secundarias debido a la movilidad reducida, la alteración de la percepción sensorial y, en muchos casos, la dependencia funcional para realizar actividades básicas. Todos estos factores contribuyen directamente al desarrollo de lesiones cutáneas si no se detectan y previenen a tiempo. 

Percepción sensorial disminuida

El daño neurológico puede afectar la capacidad de sentir dolor, presión o incomodidad. Esto significa que el paciente no puede identificar o comunicar que cierta posición corporal le está generando una presión prolongada en una zona específica, lo cual facilita la formación de úlceras.

Movilidad limitada e inmovilidad prolongada

Muchos pacientes en rehabilitación neurológica no pueden moverse de manera autónoma, ya sea porque están en estado de coma, presentan parálisis o sufren debilidad muscular severa. Esta inmovilidad, si no es contrarrestada con cambios posturales frecuentes, incrementa el riesgo de daño en la piel y los tejidos profundos.

 Alteraciones en la nutrición y estado general

La nutrición inadecuada debilita la capacidad del cuerpo para mantener y reparar los tejidos. En pacientes neurológicos con dificultades para alimentarse o con trastornos metabólicos, la piel se vuelve más frágil y susceptible a lesiones. Una puntuación baja en el componente de nutrición dentro de la escala de Braden es una señal de alerta importante.

Presencia de humedad y riesgo de fricción

La incontinencia urinaria o fecal, frecuente en personas con daño neurológico severo, favorece la maceración de la piel y la hace más vulnerable. A esto se suma el riesgo de fricción y cizallamiento al movilizar al paciente sin las precauciones adecuadas, lo que puede deteriorar aún más la integridad cutánea.

¿Cuándo se aplica la escala de Braden?

La evaluación con la escala de Braden debe hacerse al ingreso del paciente a la unidad hospitalaria y debe repetirse periódicamente, especialmente si el estado clínico del paciente cambia. En pacientes neurológicos, lo ideal es aplicarla diariamente, o al menos cada 48 horas, para detectar cualquier deterioro en los factores evaluados.

También es fundamental emplearla en los siguientes contextos:

  • En cuidados intensivos, donde la inmovilidad y la gravedad del estado clínico aumentan el riesgo de complicaciones cutáneas
  • Durante la fase aguda de un evento neurológico (como un infarto cerebral o un traumatismo craneoencefálico)
  • En programas de neurorehabilitación, donde la mejora progresiva de la movilidad y la autonomía del paciente debe ir acompañada de un monitoreo de la piel
  • En domicilio o instituciones de cuidados prolongados, cuando el paciente ha sido dado de alta pero continúa en condición de dependencia

 ¿Qué hacer si el paciente tiene riesgo?

Una puntuación baja en la escala de Braden requiere una intervención inmediata y coordinada entre los diferentes profesionales de salud. Algunas de las medidas más importantes incluyen:

  • Reubicación frecuente del paciente: realizar cambios posturales cada dos horas, o según la tolerancia del paciente
  • Uso de superficies especiales: colchones antiescaras, cojines de presión alternante o dispositivos de flotación
  • Cuidado de la piel: mantener la piel limpia, seca e hidratada. Usar productos protectores contra la humedad en zonas perineales
  • Monitoreo de la nutrición: asegurar una dieta adecuada rica en proteínas, vitaminas y minerales esenciales, y brindar suplementos si es necesario
  • Capacitación del personal y familiares: enseñar las técnicas correctas de movilización, higiene y detección de signos tempranos de lesiones