Autor: Giovana Femat Roldán
Infarto cerebral: importancia de la neurorehabilitación
Las secuelas de un Infarto Cerebral dependen de la gravedad del evento y del tiempo con que se atiendan, pero siempre se puede lograr un menor o mayor grado de recuperación a través de diversos tratamientos, principalmente la neurorehabilitación.
Por ello es que la frase «tiempo es cerebro» es tan literal cuando se trata de evitar que el impacto de infarto cerebral sea de gravedad y afecte la calidad de vida del paciente.
En Neurocenter tenemos la certeza de que con nuestra propuesta alternativa de atención, nuestra constante búsqueda de innovación y nuestra robusta comunidad de profesionales podemos detener las pérdidas y ayudarte a ganar fuerza, a hilar palabras, a dar pasos, a hacer guiños, a pasar bocados, a adquirir firmeza, confianza y todo aquello que, quien nos busca, requiere para tener una vida plena.
¿Qué es un infarto cerebral?
Se llama accidente cerebrovascular (también conocido como ictus o infarto cerebral) al evento en el que un área del cerebro sufre isquemia, es decir, deja de recibir el aporte de sangre y oxígeno que necesita para su funcionamiento, lo que ocasiona daño en las células del cerebro de esa región.
De manera concreta, existen dos tipos de infarto cerebral: infarto cerebral isquémico y hemorrágico.
El accidente cerebrovascular isquémico sucede cuando una arteria del cerebro se obstruye de repente ya sea por un coágulo o por una placa de colesterol. Esto ocasiona que no exista buena irrigación sanguínea similar a lo que ocurre en un infarto al corazón.
Por otro lado, el accidente cerebrovascular hemorrágico, conocido comúnmente como derrame o hemorragia cerebral, sucede cuando un vaso sanguíneo se rompe, por lo tanto, la sangre se “derrama” en una parte del cerebro causando inflamación además de la falta de irrigación.
Tratamiento, pronóstico y secuelas
En la mayoría de los pacientes que sufren un infarto cerebral isquémico el tratamiento “agudo” consiste en medicamentos antiagregantes plaquetarios y anticoagulantes, cuya función es deshacer y evitar la formación de coágulos, el manejo de los niveles de colesterol y de la presión arterial. En algunas ocasiones, en caso de que el neurólogo lo indique, se puede realizar manejo endovascular, que consiste en “destapar” la arteria mediante procedimientos intervencionistas.
El pronóstico y las secuelas después de sufrir un infarto cerebral dependen de la gravedad del mismo, y casi siempre van de la mano del tiempo y a la extensión. Es decir, entre más tiempo pase desde que se presentaron los síntomas hasta que se inicie el tratamiento y entre más grande es el área del cerebro que no está recibiendo irrigación, el riesgo de complicaciones o secuelas es mayor. Por eso en medicina decimos que “el tiempo es cerebro”.
Neurorehabilitación: clave de la recuperación
Una vez que el paciente se encuentra estable es importante iniciar con neurorehabilitación, la cual consiste en una serie de terapias especializadas que tienen como objetivo minimizar el daño producido en el cerebro, en este caso por el infarto cerebral, sin embargo, sus beneficios son aplicables a un gran número de enfermedades neurológicas desde traumatismo ocasionados por accidentes en el cerebro o en la columna vertebral hasta la enfermedad de Parkinson.
Independientemente de la enfermedad que se esté tratando el principio de la neurorehabilitación es el mismo, disminuir las secuelas y brindar al paciente la independencia con la que contaba previamente, mejorando su estilo de vida.
Para esto, el especialista en neurología en conjunto con fisioterapeutas realizan una serie de pruebas al paciente para conocer el tipo de déficit, la gravedad del mismo y la magnitud con la que se afecta realizar las actividades de la vida cotidiana, estas pruebas pueden incluir estudios de imagen como resonancia magnética o tomografía computarizada de encéfalo, electroencefalogramas, electromiografías, entre otros.
La neurorehabilitación puede incluir desde terapias de fortalecimiento, equilibrio y marcha, hasta terapias enfocadas en recuperar el lenguaje, el mecanismo de deglución, o algunas alteraciones visuales, entre muchos otros.
La intención de esta serie de tratamientos es que las células cerebrales que resultaron dañadas puedan recuperarse, o en el caso de que el daño cerebral fuera más grave, crear nuevas conexiones que permitan solucionar las secuelas de manera parcial o incluso en su totalidad (dependiendo de la situación de cada paciente).
Es importante tener en cuenta que los resultados también dependen del inicio temprano de neurorehabilitación, del apego a la misma y del asesoramiento por el neurólogo.
¿Por qué suceden y cómo identificarlos?
Las causas de un infarto cerebral pueden variar entre cada paciente y según el tipo de infarto.
Actualmente se han identificado una serie de factores de riesgo, es decir, situaciones que se han asociado con el riesgo de padecer un infarto cerebral. Algunos de estos son modificables, como tener una vida sedentaria, el sobrepeso y obesidad, arritmias o enfermedad cardíaca, la diabetes, hipertensión arterial, niveles altos de colesterol, entre otros. El hecho de que sean modificables significa que mantenerlos controlados con dieta saludable, ejercicio y apego a las recomendaciones del médico, disminuye la probabilidad de sufrir un infarto.
Por el contrario, los factores de riesgo no modificables son situaciones que no podemos cambiar, como la edad mayor de 75 años, ser del sexo masculino o algunos factores genéticos o hereditarios.
¿Cómo se manifiesta un infarto cerebral?
Recordemos que el cerebro es el encargado de controlar muchas de las funciones del cuerpo y que cada área del mismo se encarga de tareas específicas. Algunas células del cerebro controlan el movimiento de los brazos y las piernas, otras el lenguaje, la vista, la sensibilidad, el equilibrio, la memoria, la conciencia, etc. Por lo tanto es esperable que los síntomas dependan del área que fue afectada.
Los síntomas clásicos que siempre deben de hacernos sospechar de un infarto cerebral son la debilidad de una parte del cuerpo (principalmente brazos o piernas), dificultad para hablar (a veces se presenta como palabras sin sentido o “arrastrar las palabras”) o tener asimetría facial (como la caída del párpado o desviación de la comisura de la boca).
Un dolor de cabeza intenso y súbito, casi siempre descrito como “el peor dolor de cabeza de la vida” nos debe hacer sospechar de una hemorragia cerebral.
En algunas ocasiones estos síntomas se resuelven de manera completa en menos de 24 horas, sin dejar secuelas ni hallazgos en los estudios diagnósticos, lo que se llama “ataque isquémico transitorio”, y sucede cuando un vaso sanguíneo se obstruye pero después recupera el flujo sanguíneo. Estos pacientes se estudian para conocer el riesgo de que vuelvan a presentar algún evento y el tratamiento se individualiza según cada caso.
En Neurocenter estamos plenamente convencidos que sólo desafiando las metodologías tradicionales de atención neurológica que se brindan en los sistemas de salud convencionales, podemos lograr que nuestros pacientes recuperen las sonrisas, los paseos, las charlas, los abrazos, su independencia o su movilidad.
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